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Transporte marítimo en los años 30

El Rastro de Cthulhu | 27 noviembre, 2020 | Edge Entertainment

Una versión del siguiente artículo ya fue publicada originalmente en febrero de 2008 en See Page XX, el boletín/webzine de Pelgrane Press.

Aunque en la década de 1930 los motores diésel estaban revolucionando el transporte ferroviario y dando lugar a una floreciente industria de la aviación, en el mar y en los ríos los motores a vapor seguían dominando. A diferencia de los trenes y de los aviones, los grandes barcos seguían en servicio durante décadas, por lo que muchos de los barcos que transportaban pasajeros en los años 30 fueron construidos en la década de 1850 e incluso algunos buques construidos en la década de 1930 siguen en servicio en la actualidad.

La turbina de vapor, que se utilizó por primera vez en la navegación marítima en 1897, era capaz de producir mucha más potencia que un motor de vapor tradicional análogo. En la década de 1930 todos los grandes buques se construían con este tipo de motor que permitía velocidades sin precedentes. Para los barcos construidos en los años treinta, el combustible más popular para hacer funcionar las calderas ya no era el carbón, sino combustibles líquidos procedentes del petróleo. Esto significaba que los barcos modernos podían funcionar con una tripulación mucho más pequeña que sus antecesores. Un pequeño barco de vapor de pasajeros típico no tendría más de una docena de personas como tripulación, incluyendo mayordomos y cocineros para el cuidado de los pasajeros. Por supuesto, los barcos más grandes podían llegar a tener cientos de tripulantes (el Queen Mary, botado en 1936, tenía más de mil) y eran casi como pueblos flotantes con su tripulación formando su propia comunidad bajo cubierta.

Los barcos de vapor se utilizaban para transportar pasajeros entre los principales puertos marítimos y la mayoría de los ríos navegables también contaban con este tipo de barcos. Se podían barcos encontrar de todas las formas y tamaños, desde pequeños barcos de vapor de ruedas de paletas, que no podían transportar a más de una docena de pasajeros, hasta los más modernos barcos de vapor con hélice de tornillo, que podían transportar cientos de pasajeros con todas las comodidades. La variedad, diversidad y ubicuidad de los barcos a vapor a lo largo de esta década hace casi imposible una relación detallada de los más habituales en cada lugar. Podemos asumir que en los años 30, en la mayoría de las regiones del mundo, si se trataba de una zona accesible por agua y tenía un mínimo de población, había un barco de vapor que llegaba hasta allí.

Los pasajeros de los barcos de los años 30 podían ser de cualquier clase social. Los inmigrantes que iban a EE.UU. (con menos frecuencia en la década de 1930 que en las anteriores) se hacinaban en gigantescos barcos de vapor transatlánticos, mientras que los pasajeros más ricos podían disfrutar de comodidades similares a las de un hotel en los camarotes de primera clase. Fuera de EE.UU., las redes fluviales eran a menudo un elemento central para la actividad comercial de los países en desarrollo y esos mismos ríos también estaban repletos de barcos que transportaban pasajeros de todo tipo, desde trabajadores del lugar hasta ricos inversores extranjeros.

Transatlánticos

Después de la Primera Guerra Mundial, varios de los mayores “superliners” alemanes (grandes barcos diseñados para el transporte transatlántico de pasajeros) fueron transferidos a América y Gran Bretaña como compensación por la guerra. De todos ellos, el Mauretania, merecedor de la Banda Azul por realizar la travesía transatlántica más rápida durante veinte años consecutivos, hasta 1929, es seguramente el más conocido. Con sus nuevos propietarios estos enormes barcos continuaron dando servicio para las rutas transatlánticas. El viaje a bordo de estos barcos era glamuroso y popular y para muchos pasajeros el viaje, y el estilo en que se realizaba, era tan importante como el destino. Para los pasajeros de primera clase la experiencia era comparable con la de un crucero de hoy en día: las comidas, las actividades de ocio, las visitas turísticas o la socialización y todo ello gestionado con esmero por el personal del barco.

Por contra, las condiciones en que viajaban los pasajeros de tercera clase (en la bodega de carga del barco) podían llegar a ser lamentables. Antes de que Estados Unidos cerrara sus fronteras en la década de 1920, los inmigrantes acudían a América hacinados, durmiendo juntos como ganado, alimentados por una misma comida que a menudo era descrita como casi incomestible.

Las nuevas naves construidas en los años 30 eran capaces de ser aún más rápidas. Dos barcos alemanes, el Bremen (llamado así por su puerto de origen) y el Europa, fueron los primeros en acabar con la superioridad del Mauritania, pero a lo largo de la década la Banda Azul continuó cambiando de manos. Los barcos competían no solo por la velocidad, sino también por el glamour. Dado que la ruta transatlántica ya no estaba dominada por la inmigración hacia Estados Unidos, los barcos construidos en los años treinta se diseñaron pensando tanto en la elegancia como en la velocidad. La competencia era muy intensa ya que varias de las empresas más grandes (incluyendo White Star, conocida por el Titanic) operaban estas rutas sufriendo pérdidas durante la primera mitad de la década.

El Ártico

A partir de la década de 1860, se desarrollaron barcos rompehielos a vapor que permitieron una exploración sin precedentes del Ártico. Los rompehielos dependen de su velocidad y su fuerza para penetrar con su proa en el hielo y romperlo, y la energía de los motores a vapor era ideal para dicha tarea. Sin embargo, no fue hasta principios del siglo XX cuando estos barcos se empezaron a usar de manera más frecuente. La fiebre del oro de Klondike provocó un aumento en la exploración del Ártico. La compañía Union Steamships, con sus características chimeneas en negro y rojo, prestaban su servicio de manera regular a lo largo de las costas canadienses y de Alaska, realizando incluso cruceros turísticos desde los cálidos puertos del sur al helado norte.

Cargueros a vapor tramp

En los años treinta proliferaron las operaciones a pequeña escala debido a las escasas regulaciones legales, el atractivo de posibles beneficios sustanciosos y por la disponibilidad de cargueros a vapor cada vez más asequibles. De todos ellos los más pequeños eran los cargueros tramp que operaban como una compañía de un solo barco, sin horarios fijos, listos para ir dondequiera que fuera si había dinero que ganar. En las colonias, gran parte del transporte marítimo se realizaba por medio de cargueros a vapor tramp en lugar de recurrir a las líneas regulares. Aunque la mayoría de los barcos tramp eran cargueros, tampoco rechazaban pasajeros de pago y, de hecho, cualquier persona que pudiera pagarlo podía fletar un barco a vapor con destino a casi cualquier lugar del mundo.

Los cargueros tramp operaban con presupuestos muy ajustados y a menudo sorteando regulaciones y el pago de impuestos, en una zona gris en los límites de la civilización y la ley. Los tripulantes de estos barcos podían venir de cualquier país y era sabido que estos barcos a menudo contrataban a quienes no podían encontrar ningún otro trabajo. Los cargueros a vapor tramp llegaron a tener una imagen idealizada, incluso en su propia época, por evocar un estilo de vida aventurero y de hecho fueron un elemento recurrente en muchas novelas baratas. Aunque la realidad era a menudo mucho más mundana, los tramp aportaron su cuota de emoción a esta década.

Semillas para aventuras

Una secta sobre el agua: las tripulaciones de los cargueros tramp solían proceder de los puertos más remotos y exóticos y vivían su vida sin tener en cuenta las convenciones sociales y sin respetar demasiado a las autoridades. En tales circunstancias, era posible que el culto a extraños dioses antiguos arraigase entre la tripulación que, además, debido a su estilo de vida itinerante, podía actuar como una malvada secta y cometer todo tipo de horribles crímenes sin ser descubiertos. Todavía quedaban muchos lugares inexplorados u olvidados en el mundo a los que solo se puede acceder por mar y tales lugares podrían ser un refugio para tales grupos. Peor aún, en las bodegas de carga de los gigantescos transatlánticos de pasajeros, sus tripulaciones podían llegar a pasar semanas o meses en alta mar. A esa distancia de tierra firme los pasajeros estaban a merced de cualquier horripilante ritual que quisieran realizar los tripulantes miembros de una secta.

El barco fantasma: las historias de barcos encontrados a la deriva, aparentemente abandonados y sin embargo en perfecto estado de navegabilidad, han hecho temblar a marineros de todo el mundo desde el descubrimiento del Mary Celeste en 1872. Tal misterio puede ser de mucho interés para según qué tipo de investigadores y, si se pudiera determinar la ruta que había seguido el barco, se podría poner en marcha una expedición para descubrir el paradero de la tripulación. Si tal viaje puede conducir a aguas peligrosas, inexploradas o poco frecuentadas, se necesitaría un grupo de individuos con mucho arrojo para la misión.

Extraños visitantes: durante los años treinta, Estados Unidos y Gran Bretaña empezaron a prestar cada vez más atención a las aduanas fronterizas y a la inmigración, pero el contrabando seguía siendo muy frecuente. Las organizaciones delictivas que se habían desarrollado durante la época de la prohibición seguían activas pero dedicadas al contrabando de otros productos. Tal vez si algunas sustancias arcanas caían en las manos de estas organizaciones, podían llegar a las calles, como un nuevo tipo de droga. Peor aún, después de que en Estados Unidos empezaran a aprobar normas cada vez más estrictas en materia de inmigración, en los años treinta se vio el comienzo del contrabando de personas. Quizás una secta del viejo mundo, o alguna depravada tribu de las colonias pudiera llegar a entrar en Estados Unidos a través de alguno de los muchos puertos de sus costas.

Enlaces relacionados:

Time Table Images: imágenes de barcos de la época.

Titanic-titanic.com: casi todo lo que quieras saber sobre el Titanic.

Ian Coombe’s Merchant Navy Nostalgia: fotos e información sobre cargueros tramp.

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